Obra de Tricicle en homenaje a Les Luthiers

(Esta obra pertenece al espectáculo "Bits" del grupo Tricicle. En ella se hacen referencias a numerosas obras de Les Luthiers. El texto que ofrecemos a continuación es la versión que Les Luthiers y Tricicle hicieron juntos el 20/03/2016 como final del espectáculo de Les Luthiers: Tricicle actuó, Marcos leyó el texto y los demás luthiers se sentaron detrás de Marcos como espectadores)


Marcos Mundstock:
No sólo el grupo Les Luthiers se ha dedicado a las obras de Mastropiero. Otra gente ha estudiado e interpretado las obras de Johann Sebastian Mastropiero, entre ellos, por citar algunos, La Filarmónica de Berlín, La Escuela Juilliar de los Estados Unidos, el grupo catalán El Tricicle...

A continuación vamos a interpretar, y fuera de programa, una obra que pertenece precisamente al grupo Tricicle. Para ello, hemos convocado un grupo de jóvenes y entusiastas mimos, a quienes damos de esta manera la oportunidad de mostrar su habilidad y foguearse ante el público. Pasemos a la obra. Dice así:

Poca gente sabe que Mastropiero tuvo tres hijos: Charles, Johann y Francis... (Aparecen en escena Tricicle, y hay muchos aplausos y gritos del público)... ¡Bueno, basta! Charles, Johann y Francis Mastropiero, trillizos idénticos nacidos con apenas tres años de diferencia. Habían venido al mundo con el mismo talento natural para la música que su padre: ninguno.

(Mientras Marcos lee, los tres miembros de Tricicle interpretan con gestos lo que Marcos dice)

Charles: un joven nervioso, con un punto de agresividad que rayaba en la violencia. Terminó sus estudios de arpa, se enroló en un barco como arponero y acabó trabajando en una lavandería de Alaska, que en realidad ocultaba un cabaret clandestino frecuentado por voluptuosas mujeres de la calle. Trabajaba tocando... no, no, el bombo... Trabajó tocando el bombo tres días por semana, hasta que no pudo resistirlo más y exigió trabajar todas las noches.

Francis: de mirada lánguida, algo tímido, apocado, timorato... (no sabe qué gesto hacer). Vivió una existencia imposible hasta que su profesora de violín, harta de sufrirle como alumno, le rompió un busto de Paganini en la cabeza. El impacto cambió por completo su carácter. El nuevo Francis, alegre, jovial y bromista, se dirigió a Hollywood decidido a triunfar en el estudio más importante de todos: quería entrar por la puerta grande... estaba cerrada. De hecho, todas las puertas estaban cerradas. Incomprendido, Francis pronunció uno de sus famosos aforismos: de cada diez estudios que me cierran sus puertas, cinco son la mitad.

Johann: la niña de los ojos de su padre. Absolutamente falto de oído musical como él, llegó a ser el director musical de los conservatorios sinfónicos. Johann siempre fue un muchacho especial. Era delgaducho, tembloroso, de largos brazos, prominente mandíbula y pronunciada joroba. Sus patizambas extremidades le conferían unos andares vacilantes que le habían provocado un espeluznante desprendimiento de retina. Un cúmulo de defectos que, sin embargo, conjuntados le daban un porte de extrema elegancia y distinción.

Años más tarde, los trillizos Mastropiero vuelven a reunirse, pero apenas se abrazan. Ni siquiera se dan la mano. Tienen prisa por componer la obra que conmemoraría un triste aniversario: se cumplían 80 años del trágico día en que su padre, Johann Sebastian Mastropiero, empezó a componer.

Para preparar la pieza, optan por plagiar una canción ovalada... no, no, no... una canción o balada. Sobre la simple historia de una moza que, luego de lavar la ropa en el arroyuelo, marcha al mercado donde un pastor ofrece en venta una oveja. Pese a que la ve muy flaca, la muchacha decide comprarla. A la entrada del bosque la oveja intenta huir, pero la niña la retiene. Luego llega un esbelto jinete. El esbelto jinete se enamora de ella... no, de la niña... La moza tímida no se atreve a responder a su galanteo. Por último, el jinete se marcha. Y la muchacha se queda triste añorándolo.

Las composición original de esta pieza de plagio colectivo fue pensada para ser interpretada por un conjunto de cuerda. Pero a última hora se optó por una orquestación de vientos y madera que parecía que podía potenciar el carácter solemne del acto. Una opción que finalmente se descartó ya que la Marquesa de Quintanilla mostró su interés por los instrumentos de percusión, que a la sazón estaban muy a la mode. Un interés, todo hay que decirlo, pasajero... un interés pasajero que les obligó a cambiar la orquestación en el último momento. Se eligió un coro de cien personas y la Orquesta Sinfónica se redujo a un trío de instrumentos informales.

Nos complace, pues, concluir esta hermosa obra de Tricicle con una versión reducida del “Vals de los tres segundos” de Johann Sebastian Mastropiero.

(Los tres miembros de Tricicle, con rudimentarios instrumentos informales, interpretan una "obra musical" de tres segundos)


url: http://www.lesluthiers.org
e-mail: webmaster@lesluthiers.org